RedIA está orientada a impulsar proyectos empresariales basados en tecnologías avanzadas aplicadas a procesos reales. Mira sus requisitos.

Ayudas para la integración de IA y automatización

Un proyecto de automatización avanzada, robótica o inteligencia artificial puede necesitar meses de definición técnica antes de convertirse en una prueba piloto real. Por eso, cuando existe financiación pública disponible, empezar a preparar el proyecto el día que se publica una convocatoria puede ser llegar tarde.

Qué es RedIA y qué tipo de proyectos busca financiar

RedIA es una línea de ayudas de Red.es orientada a impulsar proyectos empresariales basados en tecnologías avanzadas aplicadas a procesos reales. La iniciativa se enmarca en el programa FEDER 2021-2027 y está dirigida a proyectos de desarrollo experimental.

Esto significa que el objetivo no es financiar investigación básica o ideas todavía alejadas de una aplicación práctica. Los proyectos deben plantear un desarrollo tecnológico concreto mediante actividades como la creación de prototipos, pruebas piloto, validaciones o demostraciones en condiciones representativas.

Para una empresa industrial, esto abre la puerta a plantear proyectos donde tecnologías ya disponibles se integran, adaptan y validan para resolver un problema concreto de producción, mantenimiento, logística o gestión de activos.

RedIA está orientada a convertir una necesidad tecnológica en un proyecto experimental con aplicación real. No basta con tener una tecnología: hay que definir qué se quiere desarrollar y cómo se va a validar.

Qué tecnologías pueden formar parte de un proyecto

Entre las tecnologías contempladas se encuentran ámbitos especialmente relevantes para la transformación industrial:

  • Inteligencia artificial aplicada a procesos y datos industriales.
  • Robótica y sistemas autónomos.
  • Internet de las cosas y conectividad industrial.
  • Ciberseguridad.
  • Sistemas de navegación y autonomía.
  • Sensores y sistemas inteligentes de adquisición de datos.
  • Tecnologías avanzadas de comunicación e integración.

La clave está en que la tecnología no se presenta como un fin en sí mismo. Debe formar parte de un proyecto con un objetivo técnico definido y una aplicación concreta que pueda desarrollarse y validarse.

Qué proyectos industriales podrían encajar

La amplitud de tecnologías contempladas permite plantear proyectos muy diferentes. En el entorno industrial, por ejemplo, podrían tener cabida desarrollos relacionados con la automatización de procesos, la incorporación de robótica, la monitorización avanzada o la aplicación de inteligencia artificial sobre datos generados en planta.

También pueden resultar relevantes los proyectos que combinen varias tecnologías. Un sistema autónomo de transporte, por ejemplo, puede requerir navegación, sensórica, comunicaciones, integración con sistemas de control y mecanismos de seguridad. Una solución de mantenimiento avanzado puede combinar instrumentación, adquisición de datos, conectividad y algoritmos para analizar el comportamiento de los equipos.

Precisamente este tipo de integración es uno de los puntos más interesantes: el proyecto puede partir de tecnologías existentes, pero debe demostrar un desarrollo y una validación técnica que aporte una mejora concreta.

Un proyecto de este tipo no tiene por qué inventar una tecnología desde cero. Puede consistir en desarrollar y validar una nueva aplicación industrial a partir de tecnologías que ya existen.

Qué presupuesto puede tener un proyecto

En la última convocatoria, los proyectos debían contar con un presupuesto comprendido entre 400.000 y 5 millones de euros. Este rango permite plantear desde desarrollos realizados por pequeñas y medianas empresas hasta proyectos tecnológicos de mayor escala.

La intensidad de la ayuda podía situarse entre el 25 % y el 60 % del presupuesto elegible, dependiendo de factores como el tamaño de la empresa, la localización del proyecto y determinadas características de su ejecución.

Como referencia, las pequeñas empresas podían alcanzar habitualmente una intensidad de ayuda superior a la de las grandes compañías, con posibles incrementos adicionales en determinadas condiciones.

El requisito que conviene preparar antes de que se abra una convocatoria

Además de demostrar que el proyecto encaja en las tecnologías y actividades elegibles, uno de los aspectos fundamentales es justificar su efecto incentivador.

En términos prácticos, la empresa debe poder explicar por qué la ayuda pública modifica las condiciones del proyecto. Por ejemplo, permitiendo asumir un desarrollo que no se realizaría sin financiación, ampliando su alcance, acelerando su ejecución o incorporando actividades que, de otro modo, quedarían fuera del proyecto.

Esta justificación requiere que el proyecto esté bien definido. Es difícil argumentar el impacto de una ayuda cuando todavía no se conoce con precisión qué tecnología se va a integrar, qué fases de desarrollo serán necesarias o cuál es el alcance económico real.

Una ayuda puede financiar parte de un proyecto, pero no sustituye su definición técnica. Cuanto mejor esté dimensionada la solución antes de la convocatoria, más fácil será justificar su alcance y su impacto.

Las pymes también tienen espacio en este tipo de proyectos

Este tipo de financiación no está orientada únicamente a grandes corporaciones con departamentos propios de investigación y desarrollo. En la última edición, el 60,5 % de las solicitudes procedían de pequeñas empresas.

Esto refleja una realidad cada vez más habitual en la industria: muchas pymes tienen necesidades concretas de automatización y digitalización que requieren desarrollar, integrar y validar nuevas soluciones, aunque no cuenten con una estructura interna dedicada exclusivamente a I+D.

La oportunidad está en identificar proyectos con suficiente entidad técnica y económica y empezar a estructurarlos antes de que exista una fecha límite.

De la necesidad de planta al proyecto tecnológico

Muchos proyectos tecnológicos empiezan con un problema muy concreto: un proceso difícil de automatizar, una tarea repetitiva que podría robotizarse, una falta de información sobre el comportamiento de una instalación o la necesidad de integrar sistemas que actualmente trabajan de forma independiente.

Convertir esa necesidad en un proyecto requiere analizar qué tecnologías pueden resolverla y cómo deben integrarse. Automatización, robótica, instrumentación, comunicaciones, conectividad, control o digitalización pueden formar parte de una misma arquitectura.

En Dtisa trabajamos estas tecnologías aplicadas a proyectos industriales, ayudando a las empresas a definir soluciones de automatización y digitalización adaptadas a sus procesos y necesidades técnicas.

¿Tienes un proyecto tecnológico en mente y no sabes cómo aterrizarlo?

Cuanto antes se defina el alcance técnico de una solución, más fácil será dimensionar el proyecto y valorar las tecnologías necesarias para llevarlo a planta.

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